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Posesión demoníaca ¿Existe?

Siempre he querido redactar un artículo respecto a este tema pues son muchas las personas que bajo una creencia religiosa relegan problemas de conducta y comportamiento de sus seres queridos a posibles casos de posesión demoníaca. Si bien es cierto que en casi todas las religiones esta creencia es aceptada, es conveniente saber que en casi todos los casos se reduce a una enfermedad mental debida a una situación de estrés, por causas genéticas e incluso por la creencia del mismo individuo de que esta siendo poseído, pero, ¿como podemos saber si una persona esta bajo el influjo de energías negativas y oscuras? La respuesta es simple: el tiempo.

El tiempo aflora los síntomas y los deja más claros, aunque desde que se sospecha el primero ya debe dirigirse a un especialista para que evalue su caso y determine si corresponde a una enfermedad mental (tal como la histeria o la psicosis o disociación) y con medicación prescrita puede aliviar los síntomas o bien, con el paso del tiempo se termina agravando sin ninguna explicación y ademas, ocurren hechos irracionales. Si la persona en cuestión comienza con alucinaciones, y estas en el tiempo van agravándose provocando que el paciente explique dichas alucinaciones de manera cada vez más ilógica, patenta la posibilidad de que finalmente, padezca una enfermedad que deba ser supervisada y tratada por médicos.

¿Y si después de acudir al médico presenta otros síntomas inexplicables?

Es posible que con el tiempo la persona comience a experimentar otro tipo de comportamientos o acciones que no pueden ser explicados de una manera racional, os exponemos algunos ejemplos:

  • No se tiene antecedentes familiares de personas que han padecido enfermedades mentales y que pudieran a través de los genes haber podido traspasar dicha enfermedad a la persona que esta bajo sospecha.
  • Aversión a lo sagrado o religioso, en diferentes grados desde que simplemente sienta molestias ante la presencia de objetos sagrados o lugares hasta estallar en estados de furia incontrolable, blasfemando ante el objeto o lugar en el que se encuentra. Es posible que la persona en esos estados de crisis tenga conocimientos del pasado que él no presencio o acontecimientos futuros próximos que finalmente se cumplen, incluso pueden llegar a detectar objetos religiosos cercanos en ese momento a ellos; dentro de este apartado existe la posibilidad de que entiendan lenguas muertas incluso pudiendo llegar a comunicarse (el arameo, por ejemplo)
  • En los episodios de furia incontrolable la persona tiene un cambio de personalidad evidente, que no corresponde al habitual y ademas, pierde la consciencia, es decir, no recuerda nada de lo ocurrido. Durante el episodio de furia la personalidad que aflora es claramente distinta de la conducta normal. Pueden llegar a ser muy agresivos con las personas que se encuentran cercanas en el momento de la crisis, además, experimentan una fuerza física anormal, debiendo ser contenidos por varias personas y que incluso bajo sedación, no responden.
  • Esta personalidad normalmente tiene un carácter maligno, y existen detalles concretos en su figura que pueden ser interpretados: las manos no paran de moverse o temblar, la cara de la persona muestra una tensión constante, el movimiento de ojos es involuntario hacía arriba o abajo, aunque existen ocasiones en que puede dejarlos en blanco. Finalmente notamos que su voz muestra una rabia no contenida. Cuando el episodio de furia acaba, la persona lentamente va tomando consciencia de nuevo sin recordar nada de lo ocurrido. Estas crisis no afectan al comportamiento social del individuo, es decir, fuera de estas crisis la persona desarrolla su vida de forma normal, su mente es racional y sabe distinguir lo real de lo irreal, en resumen, la persona no muestra una conducta de delirio permanente y continua.
  • Existen excepciones, por supuesto, donde pueden tener ciertas alucinaciones de carácter sensorial de forma puntual, desde la visión de sombras hasta una sensación en su cuerpo de alguna parte en concreto. Estas personas no escuchan voces en su cabeza (este detalle es muy importante para saber discernir entre una enfermedad y un posible caso de posesión). Las alucinaciones no provocan delirio, es decir, son puntuales y de una temática especifica.
  • Cabe aclarar que la persona tiene una mente racional – como ya hemos dicho – y es muy crítico con los síntomas que presenta. Incluso es consciente del momento en que inicia sus trastornos y tiene ciertas dificultades para hablar con otras personas pues puede ponerse en duda su racionalidad. Puede darse el punto que la misma persona afectada sea atea y no conciba la existencia del diablo.
  • Un claro síntoma asociado a la posesión que nos indicaría el camino para detectarlo es que la persona en ciertas circunstancias, levite.

¿Cual es el origen de la posesión?

No puede concretarse los motivos de porque una persona puede estar bajo el influjo de un ente maligno o fuerzas oscuras, aunque normalmente se asocian a rituales o prácticas con el mundo espiritual: desde la utilización de la ouija sin experiencia, ritos esotéricos o practica de algunas magias oscuras, como el vudú. También es posible que la entidad maligna acuda a la persona con la mente más débil o incluso por propia invitación.

Podemos llegar a discernir entre posesión y enfermedad mental si la persona muestra unos rasgos muy fijos (blasfemar ante elementos sagrados, tensión en los músculos faciales), como por ejemplo un vocabulario insolente, sin vergüenza al expresarlo. Existe la posibilidad también de que esta persona no hable durante sus crisis o lo haga de forma concisa y puntual respondiendo cuando se le obliga a repetir frases de carácter religioso o hablar sobre temas de ese ámbito, en ambos casos la voz cambia de forma evidente.

Resumiendo, el especialista debe observar los síntomas en la persona y clasificarlos de forma clara en una especialidad médica, si dicha persona presenta múltiples síntomas que no pueden ser clasificados, es posible que esta persona se encuentre bajo el influjo de energías malignas, pues estos síntomas se repiten siempre de la misma forma, no suelen agravarse ni evolucionar, se mantienen en el tiempo aunque el sujeto psicologícamente merma sus aptitudes.

Tras realizar la visita a los especialistas adecuados – aun cuando encaje en el cuadro de la posesión – y no exista alivio de los síntomas bajo medicación es cuando podemos consultar a un especialista en exorcismos (acudir a la iglesia, por ejemplo) que tras algunas comprobaciones – y siempre bajo supervisión médica– podrá determinar si la persona esta bajo el influjo de energías malignas y proceder según su formación, a aplicar el Rituale Romanum, entre otras practicas. Cabe destacar que esto no es un proceso rápido, la persona afectada no se curará de un día para otro si no que, requiere de cierto tiempo y voluntad por parte de la misma para que se encuentre la solución. Existe también la aplicación de exorcismos como efecto “placebo” para personas que tengan una enfermedad mental basada en la posesión y que se aplicaría como método para que dicha persona pudiera llegar a tener una mejoría dentro de su enfermedad.

Es de vital importancia que siempre se visite a un especialista médico ante cualquier duda y que el exorcismo no comporta ningún daño físico a la persona, NUNCA se deberá acudir a personas que busquen un afán de lucro (es posible que soliciten gastos de traslado si viven fuera de nuestra ciudad o algún gasto por el tiempo, pero no darán importancia desde un principio al dinero, si no que se interesaran por el caso en cuestión) ni que tengan una dudosa reputación (curanderos/as que se anuncien en periódicos o en otros medios, personas que aseguren ser exorcistas sin ningún tipo de documentación para demostrarlo de forma real, tácita y rotunda), existen numerosos lugares donde acudir de forma oficial para que evalúen cada caso y determinen si es afección mental o una posesión, pero siempre, ante todo, acudir a un especialista principalmente pues casi en su totalidad, siempre se relaciona con alguna enfermedad de origen mental que con medicación puede ser aliviada o incluso erradicada.

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